Interview El malpensante


Mis años de formación transcurrieron en Chile, entre las páginas naranjas de Condorito, las fiestas de jazz de Tom y Jerry, y los primeros encuentros con la pintura de Rousseau, Chagall, Cézanne y principalmente Francis Bacon.

Después de trabajar como diseñador gráfico en Chile y España, llegué a Inglaterra en 2011. Estuve solo seis meses en Manchester, pero fueron decisivos para mí: la agresividad en las calles, el clima, las peleas y la intensa vida cultural conformaban una atmósfera a la vez artística y cruda, que me ofreció una nueva mirada. Al poco tiempo de llegar participé en un concurso de diseño. Lo más importante no fue haber ganado, ni la pieza premiada, sino la recepción que tuvo el autorretrato que envié para acompañar las notas de prensa. Días antes había ido a una exposición de L .S. Lowry. Su obra, enfocada en la vida de la clase trabajadora del Manchester industrial, me resultó fascinante. Había pocos retratos, pero recuerdo especialmente uno llamado Hombre con ojos rojos: el personaje tenía la mirada fija y vacía, los ojos redondos y la nariz también roja. Al igual que la obra de Bacon, era una representación visceral, brutal, de la condición humana. Mi autorretrato retomaba esos elementos, y aportaba un tratamiento de texturas y líneas sueltas, lejos del duro dibujo vectorial que había usado hasta entonces. En ese primer retrato ya estaban presentes los elementos que ahora marcan mi estilo. 

A partir de ese momento comencé a trabajar los retratos con más disciplina. La motivación para acercarme a los personajes ha obedecido generalmente a la admiración, pero también al rechazo: del mismo modo que he hecho ilustraciones como homenaje a Hemingway o a Johnny Cash, tengo retratos de Pinochet y de Piñera por las razones opuestas. En el caso del cine, mi relación es mucho más directa. Después de estudiar diseño, sentí gran curiosidad por la animación. Esa inquietud por dar movimiento a las imágenes me llevó a inscribirme en la escuela de cine. Inicialmente estaba más interesado en los aspectos formales, pero a medida que fui aprendiendo quedé impresionado por ese carácter de arte integral que abarca tantas expresiones en un filme. Tuve la oportunidad de ver muchas películas e ir definiendo mi preferencia por los personajes de mayor complejidad psicológica, los villanos, los outsiders, los perdedores.

Cuando se trata de este tipo de personajes, no pretendo hacer una representación exacta ni una caricatura de ellos. Lo que busco es una reinterpretación con elementos pop, que sea más colorida pero respetando su esencia original, la oscuridad que los caracteriza. Es como lo que ocurre en el remake que hace Herzog del Nosferatu de Murnau: Klaus Kinski le da nueva vida a ese personaje, es una propuesta estética distinta, sin perder su esencia.

A finales de 2012 regresé a Chile. Ahora vivo en Viña del Mar y comparto un taller en Valparaíso con un arquitecto y un diseñador. La mayor parte de los encargos que recibo siguen siendo retratos, ninguno de ellos para publicaciones chilenas. En meses pasados la revista 8x8 me pidió una serie de piezas de futbolistas; no es un tema que me resulte cercano, así que tuve que investigar sobre Pelé, Maradona y Zidane para poder caracterizarlos. La pieza de esa serie que más disfruté fue la de un árbitro mordiendo en el cuello a un jugador. También he recibido muchos pedidos de retratos de artistas y músicos, como la serie de intérpretes brasileños de Tropicália que expondré en septiembre, en Barranquilla, durante el Festival Propaganda. 

Tan pronto la cantidad de trabajo comisionado disminuya, volveré a trabajar piezas personales de cine. Tengo en mente una serie basada en las películas de Aki Kaurismäki, cuyo tratamiento y manejo del color me impresionan, y otra serie dedicada a mi película preferida: The Big Lebowski.  

Si bien con los actores y actrices hay casos en los cuales mi motivación es puramente estética –como la sensualidad que encuentro en las Gatúbelas, o el atractivo exótico de Anna May Wong o Joan Bennett–, cuando se trata de directores la elección está siempre basada en la admiración cinematográfica. 

Me interesa el cine de terror por su carga expresiva, su riqueza visual y los detalles que conforman su atmósfera. Es como usar los elementos del expresionismo alemán para crear personajes con mucha fuerza, pero que a la vez se sienten solos y vulnerables.

Los ojos vacíos son una marca característica, un componente dramático presente en muchos de mis retratos. A veces esa aparente falta de expresión puede resultar más inquietante y acabar siendo aún más expresiva.


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